Nuestra vida es hecha de decisiones, tener una vida realizada o no, es una decisión de cada uno de nosotros. Con seguridad, es la voluntad de Dios, pues cuando Él creó la vida, la creó con tres grandes propósitos: el primero, que ella fuese vivida en abundancia; el segundo, que ella fuera saludable; finalmente, el tercero gran propósito de la vida, y el principal, que a través de ella, manifestemos su gloria por toda la eternidad, comenzando aquí en la Tierra.
La prueba de ello es que Él nos dejó ese Juramento orientándonos para eso, sin ser obligados a nada por parte de Dios. La soberanía divina no anula la responsabilidad humana. ¡La decisión es nuestra! Veamos lo que Dios nos dice en Deuteronomio 30, 19-20.
“Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al SEÑOR tu Dios, escuchando su voz y allegándote a El; porque eso es tu vida y la largura de tus días, para que habites en la tierra que el SEÑOR juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob” (Deuteronomio 30:19-20)
Podemos observar que nuestra vida depende exclusivamente de nuestra DECISIÓN en actuar sobre las promesas (Juramento) de Dios, las cuales traerán beneficios para nosotros y para nuestra familia.
La primera Decisión son 3 en una sola: dando oídos a Su Voz (Palabra).
1. Amando al Señor, tu Dios… (Se agrada a quién se AMA);
2. Dando oídos a Su Voz… (Se da oídos en quién se CREE);
3. Y apegándote a Él… (Nos apegamos en quien CONFIAMOS).
Agradamos a quien amamos, damos oídos en quienes creemos y nos apegamos en quienes confiamos.
¿A quién va a dar oídos: a la voz de Dios o a la voz del mundo? ¿Cual es su decisión? Depende única y exclusivamente de usted. ¡Tome la decisión correcta!

Seu servo em Cristo, Bp. Júlio César.





